Mitos de la danza que necesitas dejar atrás hoy mismo

La danza carga con muchas ideas equivocadas que suelen alejar a quienes sienten curiosidad por intentarlo. Una de las más repetidas es que “es solo para niñas”, cuando en realidad la danza no tiene género. La fuerza, la coordinación y la creatividad que requiere son cualidades que cualquiera puede desarrollar. Todas las personas, sin importar su género, su edad, su raza, su peso y su condición económica, deberían poder disfrutar de los amplios beneficios que la danza nos regala.

 

También existe la creencia de que si no se inicia desde pequeño, ya no hay oportunidad de aprender. Lo cierto es que nunca es tarde. El cuerpo puede adaptarse, los músculos se fortalecen con la práctica y cada persona avanza a su propio ritmo. Muchas veces, quienes comienzan en la adolescencia o en la adultez encuentran en el ballet una forma de conectar con ellos mismos y liberar tensiones del día a día. Cada persona que desea iniciar en la danza lo hace por diferentes razones; es por esto que los objetivos de cada uno serán diferentes. Así como hay personas que bailan por recreación, hay quienes lo hacen porque desean ser profesionales en el mismo. Siempre se puede iniciar.

 

Otro mito fuerte es que la danza daña el cuerpo. Sí, como en cualquier actividad física, hay riesgo de lesiones si se practica con exceso o sin acompañamiento adecuado, pero cuando se enseña con cuidado y con respeto a los límites de cada alumno, la danza más bien fortalece la postura, mejora la movilidad y ayuda a cuidar la salud física y mental. Por eso, cuando se danza, necesitamos un programa con objetivos claros y accesibles, un programa que no se salte los procesos por los cuales el alumno debe pasar antes de buscar cumplir objetivos más grandes. Se necesita trabajar mano a mano entre maestros, padres y estudiantes.

 

La danza no es un espacio de competencia rígida, sino un lugar donde disfrutar, expresarse y compartir. Derribar estos mitos nos abre la puerta a ver la danza tal como es: una oportunidad para descubrir el propio cuerpo, conectar con los demás, ganar confianza y celebrar el movimiento.

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